Con un consumo eléctrico de 532 GWh en 2025, los edificios públicos marfileños representan una carga financiera significativa para el Estado. Para controlar su coste, la Dirección General de Energía (DGE) trabaja en la implementación de una cadena de financiación que cubra la auditoría energética, la renovación y el mantenimiento sostenible de las infraestructuras administrativas.
Ehouman Kalifa Narcisse, Director General de Energía. El control de la factura energética de los edificios públicos marfileños se impone como un reto de gestión de las finanzas públicas en Costa de Marfil.
En 2025, estas infraestructuras consumieron 532 GWh de electricidad, por una factura cercana a los 57 miles de millones FCFA. Ante este peso financiero, la Dirección General de Energía (DGE), alojada dentro del ministerio marfileño de Minas, Petróleo y Energía, pretende acelerar las medidas destinadas a mejorar la eficiencia energética de los edificios del Estado y a reducir de forma sostenible sus costes de funcionamiento.
Es bajo esta perspectiva que la institución reunió, los días 24 y 25 de septiembre pasado en Grand-Bassam, a las administraciones concernidas, a los socios técnicos y financieros, así como a las entidades bancarias. El objetivo de este taller de reflexión era definir los mecanismos que permitan financiar el conjunto del proceso, desde las auditorías energéticas hasta las obras de renovación y la explotación sostenible de los edificios públicos.
Para el director general de Energía, Ehouman Kalifa Narcisse, el reto no consiste únicamente en reducir los gastos de electricidad. Se trata también de optimizar el uso de las capacidades nacionales de producción eléctrica, en un contexto de progresión continua de la demanda, al mismo tiempo que se mejora el confort de los usuarios y se preserva el patrimonio inmobiliario del Estado. 79 edificios públicos de alto consumo energético identificados.
Una auditoría energética ha permitido identificar 79 edificios públicos particularmente consumidores de energía. La auditoría permite evaluar los consumos, identificar las fuentes de desperdicio y determinar las intervenciones susceptibles de mejorar el rendimiento de las instalaciones.
Para la DGE, el diagnóstico no puede producir resultados concretos sin recursos financieros que permitan poner en marcha las recomendaciones formuladas. Es precisamente sobre esta dificultad que se centró el taller.
El objetivo es superar la etapa de la identificación de necesidades para construir un dispositivo capaz de financiar las obras, asegurar su seguimiento y garantizar el mantenimiento de los edificios renovados. Para movilizar los recursos necesarios, la DGE pretende federar a varios actores públicos y financieros, en particular los ministerios encargados del Plan, del Presupuesto y de la Construcción, la Sociedad Nacional de Gestión del Patrimonio Inmobiliario del Estado (SONAPIE), la Agencia Contable Central del Tesoro, así como a los donantes y las entidades bancarias.
Esta coordinación debe permitir construir una cadena de financiación coherente, que cubra las diferentes etapas de los proyectos de eficiencia energética. El reto es determinar los instrumentos financieros adaptados a las auditorías, a las inversiones de renovación y a los gastos necesarios para la explotación y el mantenimiento de los edificios.
En este marco, la DGE presentó una ficha de proyecto elaborada bajo el Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2026-2030. Esta se refiere, en particular, a la realización de auditorías complementarias, la renovación de los edificios prioritarios y la implementación de un dispositivo de mantenimiento sostenible.
El documento debe servir de base para los intercambios con los socios financieros, llamados a precisar los gastos elegibles, los instrumentos movilizables, los presupuestos contemplables, las modalidades de contrapartida nacional y las garantías requeridas. Los criterios de bancabilidad de los proyectos, así como los plazos de instrucción, figuran también entre las cuestiones sometidas a su apreciación.
Para el director general de Energía, el reto era obtener propuestas concretas susceptibles de transformar las necesidades identificadas en operaciones efectivamente financiables. De la renovación al mantenimiento sostenible.
La estrategia defendida por la DGE no se detiene en las obras de renovación. Integra también la cuestión de la explotación y el mantenimiento, dos dimensiones esenciales para preservar en el tiempo los ahorros de energía esperados.
En efecto, los beneficios obtenidos gracias a equipos de mayor rendimiento pueden verse comprometidos si las instalaciones no se benefician de un mantenimiento regular o si las prácticas de consumo no son las adecuadas. La puesta en marcha de un dispositivo de mantenimiento sostenible busca, por tanto, inscribir los esfuerzos de eficiencia energética a largo plazo.
A través de esta iniciativa, la Dirección General de Energía busca convertir la eficiencia energética de los edificios públicos en un instrumento de racionalización de los gastos del Estado. La concreción de esta ambición
