Se prevé que el crecimiento económico de África subsahariana alcance el 4,3 % en 2026, tras el 4,1 % registrado en 2025, según el informe semestral del Banco Mundial publicado este 6 de octubre. Esta nueva proyección supera en 0,3 punto la formulada en abril.
La mejora da testimonio de la capacidad de resistencia de las economías de la región, que enfrentan tensiones geopolíticas, choques climáticos y la disminución de la ayuda al desarrollo. Sin embargo, sigue siendo insuficiente para reducir significativamente la pobreza extrema y generar los empleos necesarios para una mano de obra en plena expansión.
El repunte de la actividad se basa en una mayor estabilidad macroeconómica, una demanda interna más sostenida y las inversiones vinculadas a la transición energética y las tecnologías digitales. Las perspectivas han sido elevadas para casi tres cuartas partes de los países de la región, destacando Angola, Etiopía, Nigeria y Zambia.
El Banco Mundial observa en ello los resultados de varios años de reformas y mejoras en la gestión económica. "El próximo desafío consiste en transformar este crecimiento en más empleos y mejores oportunidades", subraya Andrew Dabalen, economista jefe del Banco Mundial para África.
El objetivo es lograr que el progreso de la actividad se traduzca en mayores ingresos y más perspectivas profesionales. Para los gobiernos, esto supone apoyar las ganancias de productividad y la transformación de las economías.
Esta ambición se enfrenta a un nuevo repunte de los precios. Se espera que la inflación mediana regional vuelva a subir al 5,5 % en 2026, frente al 3,7 % en 2025, bajo el efecto del encarecimiento mundial de los combustibles, los fertilizantes y los productos alimentarios.
Esta evolución anula parte de los progresos recientes en materia de control de la inflación. Asimismo, conlleva el riesgo de afectar el poder adquisitivo de los hogares y los costes de producción de las empresas.
Las finanzas públicas siguen también bajo presión. El endeudamiento público se ha estabilizado globalmente en torno al 57 % del PIB, pero el servicio de la deuda —los reembolsos y los intereses— continúa restringiendo el gasto destinado a la salud, la educación y las infraestructuras.
El retroceso de la ayuda al desarrollo acentúa esta limitación. Para preservar su capacidad de inversión, se insta a los países a movilizar mejor sus recursos internos, profundizar sus mercados de capitales locales y buscar fuentes de financiación más sostenibles.
El Banco Mundial subraya, además, que los riesgos susceptibles de frenar la actividad siguen siendo predominantes. Un agravamiento de las tensiones geopolíticas podría provocar nuevas subidas de los precios de las materias primas y deteriorar tanto las cuentas externas como las finanzas públicas.
Los choques climáticos, en particular un posible episodio de El Niño, podrían perturbar la producción agrícola y agravar la inseguridad alimentaria. Un endurecimiento de las condiciones de financiación reduciría aún más el margen de maniobra de los Estados.
En este contexto, la institución dedica el apartado temático de su informe a la inteligencia artificial, considerada como una palanca de productividad, mejora de los servicios y creación de empleo. Su adopción se encuentra todavía en una fase incipiente en la mayoría de los países, con una actividad concentrada en unas pocas economías, incluidas Kenia, Nigeria y Sudáfrica.
La principal oportunidad identificada reside en aplicaciones asequibles, adaptadas a las necesidades locales y capaces de funcionar con una conectividad limitada. La agricultura, la educación, la salud, los servicios financieros, la logística y la administración pública se encuentran entre los sectores afectados.
No obstante, su despliegue requerirá electricidad fiable, conectividad accesible, competencias digitales, datos de calidad y capacidad de procesamiento. La gobernanza y la cooperación regional también serán decisivas.
La Estrategia continental sobre la IA de la Unión Africana y el Área Continental Africana de Libre Comercio pueden contribuir a ampliar el despliegue de estas soluciones. Para las economías subsaharianas, el reto será transformar este potencial tecnológico en ganancias de productividad y en empleos más numerosos y de mayor calidad.
Publicado el 07/10/26 08:58 La Redacción
